Animal estacional

El despiadado animal estacional se acercaba asechable.

Se veía desde el vivísimo rojo de las arboladas, hasta en los pudientes amarillos que habitaban la pradera.

El frío, fiel compañero de la tierra y de los aires, manifestaba en su intrínseca escencia, el decaer de lo que alguna vez fué una sublime expresión de la vida.

Aún en la adultez tardía de sus hojas, circulaban la voluntad y la desdicha, que el implacable tiempo hacía yacer sobre las ramas y las resguardadas raíces, ante un inevitable culminar que no se ignora, y la naturaleza causal que nos lo avisa.

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